Miércoles, Febrero 28

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Juan Arnau: “Tanto la lógica como las pruebas son el resultado de una construcción colectiva del pensamiento”

Juan Arnau (Valencia, 1968) es astrofísico y profesor en la Universidad de Granada. Doctor en filosofía sánscrita, ha sido investigador en las universidades de Michigan, Benarés y Barcelona. Es autor entre otros libros del Manual de filosofía portátil («un ensayo fabuloso, magníficamente bien escrito, inteligente, lúcido e inagotable», La Vanguardia); La invención de la libertad («Un libro inteligente y valiente por lo intempestivo. Una visión —fértil y caleidoscópica— de la vida y la conciencia, que cuestiona la seguridad con la que el craso monismo materialista que domina el mundo hipertecnologizado», El País); y La fuga de Dios («Un precioso manual de historia de la ciencia y de la filosofía, una propuesta que abre esperanza a la participación, la imaginación y la creatividad.», Letras Libres). Todos ellos libros con los que «está revolucionando el pensamiento español» (El Mundo).

Invitado a participar en las II Jornadas Chilenas de Derecho Probatorio celebradas en Santiago de Chile y organizadas por un consorcio integrado por facultades de derecho chilenas y del extranjero, en esta entrevista Juan Arnau reflexiona acerca del devenir actual del pensamiento filosófico y su conexión con preguntas fundamentales del derecho probatorio.

Por Rodrigo Coloma Correa

Al igual que muchos otros profesionales, los abogados se preocupan de mantener fuera de su campo de trabajo a quienes no forman parte de su comunidad disciplinaria. Así van creando su propio lenguaje y dialogando entre sí. Si nos focalizamos en asuntos relativos a la prueba de conductas jurídicamente relevantes ¿qué se ha perdido al no prestar atención en lo que ocurre en otras disciplinas u otras culturas?

En general las disciplinas de conocimiento acaban convirtiéndose en “cotos” exclusivos de caza del objeto de conocimiento al que están consagradas. Pero la metáfora puede conducir a engaño, pues la propia disciplina no solo “encuentra” y “analiza” ese objeto sino que, en muchos casos, lo construye. De hecho, se puede decir que dicho “objeto” no existiría como tal si no existiera una comunidad de investigadores dedicados pacientemente a su construcción.

Efectivamente, no prestar atención a otras culturas o disciplinas hace que se pierdan muchas ideas que puedan iluminar la propia, pero abrir demasiado el campo conduciría a la disolución de la disciplina y esto es un riesgo que, en general, la comunidad prefiere no tomar.

George Steiner decía que la razón de que en un valle se hable una lengua y en el siguiente otra distinta explica muy bien que las lenguas no está hechas tanto para “comunicar” como para “ocultar” los secretos al vecino. En este sentido toda disciplina de conocimiento tiene algo de “ocultista”, algo opaco que impide el análisis desde fuera, ya sea un valioso tesoro o un fraude retórico.

Desde hace algunos años ha ido adquiriendo protagonismo una corriente que se autodenomina “tradición racionalista de la prueba”. Sin ser ingenua en cuanto a muchas de las limitaciones que dificultan el conocimiento del pasado, considera que una de las claves de un buen proceso judicial es su compromiso con una concepción de la verdad como correspondencia. ¿A su juicio constituye aquello un proyecto bien encaminado? ¿Tiene realmente sentido si se asume que el proceso judicial es un mecanismo que favorece la toma de decisiones bajo incertidumbre? ¿Cuáles son los riesgos de pretensiones tan altas?

Filosóficamente, la verdad como correspondencia, ha sido una querella clásica en la epistemología antigua y moderna. Dos de los filósofos que más han influido en mi trabajo, Nāgārjuna y Richard Rorty, descartan esa posibilidad. El último dedica todo un libro a ello (La verdad y el espejo de la naturaleza). Personalmente, prefiero el planteamiento constructivista, la verdad como algo que se “construye” en lugar de algo que se “encuentra”, pues considero problemática la idea de que “hay algo ahí fuera” al margen de nuestra percepción o indagación. Pero tú has indicado una de las claves: la toma de decisiones. Para tomar decisiones es necesario postular esa “verdad” independiente de nuestra actividad cognitiva. El tema es inmenso, desde Crimen y castigo hasta Sobre la certeza de Wittgenstein.

Su libro Arte de Probar. Ironía y Lógica en la India Antigua, a pesar de no estar dirigido directamente a un mundo de juristas, resulta de mucha utilidad para enfrentar aquellas que son sus principales preocupaciones en asuntos de prueba. ¿Cuáles serían los principales aprendizajes que jueces, abogados y académicos de las escuelas de derecho podemos extraer de las distintas modalidades de debate que existían en la India antigua?

La idea esencial del libro es que tanto la lógica como las pruebas son el resultado de una construcción colectiva del pensamiento, en este caso de la práctica social del debate. En cierto sentido se confirma lo dicho anteriormente, sin una comunidad de conocimiento no es posible la lógica, no hay una lógica de los acontecimientos, ni de los crímenes, sin una mirada que los contemple y analice. Parece una verdad de Perogrullo pero no lo es. Berkeley se dedicó toda su vida  a resolver el problema y no lo consiguió. La física cuántica lo ha vuelto a plantear y sus consecuencias no han sido todavía asimiladas. El aprendizaje de todo ello en el campo jurídico, a mi modesto entender, sería que los implicados en la toma de decisiones reconocieran, de un modo más o menos irónico, la naturaleza de su posición. Es un tema difícil, pues la autoridad jurídica no admite ironía ni medias tintas, pero estoy convencido de que entre los jueces, en el interior de esa comunidad de conocimiento, se producen esas actitudes. Como decía Whitehead de las disciplinas de conocimiento, conviene que éstas seas platónicas de puertas afuera, y aristotélicas de puertas adentro.

Muchas gracias, Rodrigo, por la invitación a participar en estas cuestiones que, claro está, no se alejan del ámbito de mis investigaciones. Ha sido un placer compartir con ustedes unos días en las Jornadas Chilenas de Derecho Probatorio celebradas en la Universidad Alberto Hurtado.

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